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2 comentarios

  1. Hola,
    Acabo de leer el informe sobre los hábitos de consumo de drogas y sexualidad entre estudiantes de la UC3M y me ha resultado interesante, aunque me ha sorprendido que se relacione tan directamente el consumo de drogas, entendido como algo negativo, con la sexualidad, que desde mi punto de vista es algo positivo. No creo que sea bueno para nuestra salud sexual el que se relacione el contacto físico íntimo con otras personas con la alteración de nuestros sentidos por el uso de estupefacientes.

    Otra cosa que me ha sorprendido es el apartado de preguntas que empiezan con “Como consecuencia del consumo de alcohol u otras drogas…”, en especial la siguiente frase “Como consecuencia del consumo de alcohol u otras drogas he sufrido agresiones por parte de mi pareja”. Creo recordar que el alcohol es un deshinibidor y por tanto no cambia a las personas, en concreto no hace violentas a las personas que no lo son, que es lo que a mi parecer se entiende en este apartado.

    El resto del estudio me parece correcto aunque bastante ambiguo en los términos, como se comenta al final respecto al término “intoxicación etílica”

    • ¡Hola! Lo primero de todo, mil disculpas por el retraso en la respuesta. A la próxima lo haremos mejor.

      Vamos a tratar de responderte a las cuestiones que planteas.

      Nos dices que te resulta interesante el informe sobre hábitos de consumo de drogas y sexualidad entre estudiantes de la Universidad Carlos III, aunque te llama la atención “que se relacione tan directamente el consumo de drogas, entendido como algo negativo, con la sexualidad, que desde mi punto de vista es algo positivo”. Queremos detenernos en esta frase y en los términos que utilizas, ya que pueden ser la clave de tu sorpresa: “directamente”, “negativo”, “mi punto de vista” y “positivo”; Fíjate como usas consideraciones morales acerca de dos aspectos como son la sexualidad (considerada -así lo expresas- como algo positivo) y las drogas (en este caso, algo negativo),
      que en sí no tienen ningún valor.

      Obviamente, si pensamos en drogas, nos posicionamos moralmente y realizamos juicios de valor negativos en su mayor parte, pero estos son debidos NO a la naturaleza misma de las drogas, que ni son buenas ni malas, como bien sabe la ciencia médica, farmacológica, o los herbolarios; es su uso el que puede tener unas connotaciones positivas o negativas, desde el punto de vista de la salud, por ejemplo. Claro, que según como cada cual desee que el mundo sea, desde un punto de vista moral, también podemos considerar el uso moralmente aceptable o no. Pero esto es otro asunto y tienes unos enlaces muy interesantes en esta página que pueden dar que pensar sobre el bien y el mal. Pero volviendo al tema que nos ocupa, con la sexualidad podemos “clasificar” en buenas o malas -y con mucho tiento, recordemos las barbaridades que se han dicho y se siguen diciendo sobre las personas homosexuales- las prácticas sexuales que tengamos, y que podrán ser más o menos arriesgadas para la salud propia o de con quien o quienes estemos. También desde la moral, pero no sería “tan” objetiva la cosa.

      Podemos parecer un poco gallegos: ¿las drogas son buenas o malas? Depende. ¿Y la sexualidad? Depende. ¿Y de qué depende? De como se usen, del método. Por eso, te sorprende nuestra relación y nos dices aquello de que no crees “que sea bueno para nuestra salud sexual el que se relacione el contacto físico íntimo con otras personas, con la alteración de nuestros sentidos por el uso de estupefacientes”. La cuestión no es si es bueno o malo para nuestra salud sexual, o para tu salud sexual (en realidad estás refiriéndote a tu moral sexual), sino si existe, si se da esa relación, entre consumo abusivo de drogas y prácticas sexuales de riesgo para la salud. La idea de considerar que las drogas son algo negativo y la sexualidad algo positivo se basa en juicios de valor, que cambian según la cultura, la época, el acceso al conocimiento, al “material”, etc. Por
      ejemplo, la hoja de coca, en ciertos países andinos, es cosa buena; sin embargo, para los Estados Unidos de América, es cosa mala. ¿Por qué para unos es cosa buena y para otros es cosa mala? Costumbre, miedo, utilidad, circunstancias, control de la materia prima… A mediados-finales del siglo XIX en la Inglaterra victoriana, la sexualidad era pacata e hipócrita; con razón comenzaron a surgir las corrientes que proponían el amor libre como solución a esta doble moral.

      Resumiendo: como lo que está bien y lo que está mal es algo subjetivo, debemos basarnos lo menos posible en consideraciones morales a la hora de “investigar” o proponer”.

      En nuestro caso, existe una relación muy “cercana” entre el abuso de ciertas drogas y algunas conductas sexuales que se pueden considerar de riesgo: beber alcohol y no preocuparse de tomar medidas preventivas para no quedarse o dejar embarazada, o exponer o exponerse a infecciones de transmisión sexual, o ejercer violencia contra la pareja o ser víctima, por citar unas pocas.

      Hilamos entonces con tu apreciación acerca del alcohol, el cual, efectivamente, es un desinhibidor, es decir, que facilita la expresión de comportamientos que están controlados y no expresados porque no son socialmente-moralmente adecuados. Obviamente, no todo el mundo, cuando consume de forma abusiva el alcohol, se manifiesta ejerciendo violencia psíquica o física contra su pareja, pero sí a aquellas personas violentas, que además consideran a la mujer inferior, el alcohol facilita la expresión de estos comportamientos violentos que ya existían en la persona, pero que era capaz de controlar. Tenemos en cuenta este criterio en nuestro cuestionario, porque nos apoyamos en datos de estudios realizados que avalan la relación entre el alcohol y la violencia en general, y la relación del alcohol y la violencia de pareja en particular. Uno de ellos es el Proyecto Genacis de la OMS, en el que se explica que en el 47% de los casos de violencia de pareja, el alcohol estaba presente. También, puedes encontrar información sobre este vínculo en investigaciones de carácter internacional realizadas por Chase, K. A., O’farrell, T. J., Murphy, C. M., Fals-Stewart, W., Murphy, M.; o en la nota descriptiva de la OMS, “Violencia infligida por la pareja y alcohol” (2006).

      En cuanto al resto del estudio, te agradecemos muchísimo esta apreciación, y efectivamente, tienes razón: en algunos aspectos resulta ambiguo y hemos ido corrigiendo esos apartados en los que no quedaban claras las preguntas.

      Un abrazo.

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